lunes, 16 de agosto de 2010
La Ventana y ese Maldito..
Regreso de un paseo nocturno de cielo estrellado y reflejó deforme de alguna nube me que me acompaño, Caen las llaves sobre el cuenco de cerámica azul y único objeto que adorna esa vieja mesa en la entrada de la casa. Paso a la cocina donde solo se escucha el motor de ese monstruo blanco de decoraciones variopintas y sacio mi sed con grandes tragos sonoros y despreciables; una luz destellante que viene de la ventana vecina llama mi atención y en un movimiento sigiloso me acerco y fijo la mirada sin precaución. Siluetas de movimientos lentos y delicados se entrelazan bajo un manto pálido en la habitación principal, mientras en la otra ventana se anuncia la llegada del Caballero que se deja ver como cuelga su sombrero negro y una gabardina lisa y desgastada, en esa estructura semejante a un árbol pequeño sin hojas de ramas cortas, El Caballero evoca sonidos míseros que tropiezan con las paredes y alertan a las siluetas apasionadas que cesan sus movimientos, mientras el se dirige a la cocina por un refrigerio. -Ven!, -me dice ella, mientras enciende la caja marrón y arregla la cama para acostarnos. En menos de un segundo veo un correteo detrás de esa ventana y murmullos contradictorios que buscan una solución. El caballero que ahora se hallaba sentado en la mesa ojeando el correo postal y masticando algunas sobras del almuerzo, levanta la cabeza en inhala tratando de afinar sus sentidos y observa la pared que separa el comedor de la habitación. Ya las siluetas se encuentran vestidas, él de cabello corto muy joven de cuerpo fornido y estilizado, se encorva y la besa para darle ánimos, ella con el cabello alborotado senos caídos y de espíritu impetuoso se dispone a salir de la habitación. El caballero sigue en la mesa esta vez ha soltado los papeles y dejado de comer, en expectativa de lo que emerge de la puerta y show macabro de la intimidad, Él de edad avanzada donde en el cuenco de sus ojos se denota cierta fatiga y decepción acumulada por el tiempo, trabajo y familia. Ella sale de la habitación y lo recibe con un saludo tembloroso, haciéndolo saber que no esperaba que llegase a estas horas, el caballero con una mirada calculadora la detalla, mientras anuncia que lo han despedido de su trabajo en el peaje donde trabajo tantos años y por tanto llega a estas horas. El destello del encendedor me desvía la mirada hacia mi cama, ella se enciende un cigarrillo y suelta una carcajada mientras observa la caja marrón con atención y ahora el humo me afecta y me hace resoplar un par de veces. Por favor! – dile que salga, que se acerque, que no tenga pena, dice el caballero; Ella emite un sonido extraño y gira la cabeza pero antes de decir una estupidez, se entristece, apena y sonroja por la situación, regresa a la habitación y tan solo asomándose invita al joven a salir. -Le sirvo algo Joven? - Pregunta el Caballero lleno de serenidad y lo invita a sentarse, El joven ahora con los hombros caídos intentando prever cualquier amenaza responde; -No gracias, Don Manuel. -Ella mientras tanto no se ubica en su misma casa, no sabía si sentarse al lado del joven o del Caballero. Don Manuel, la mira y le ordena, -No se quede ahí mirando y atienda la visita, saque el whisky bueno, el añejado de la jarra de cristal y algunos canapés!. -No se preocupe señora Isabel, comenta el joven que intentaba abotonarse la camisa de la manera correcta para enfundarla en la parte delantera del pantalón. -Yo no bebo!, en el momento en que Isabel desfilaba a la cocina; descalza, con aquella bata blanca de bordados sugerentes comprada para servir el placer de los amores de Don Manuel hace varias décadas atrás. -Bueno, entonces sírvanos dos cafés y las galletas de chocolate, ordena a la Señora. -Un cigarrito?- Dice Don Manuel, con esa voz gruesa que amedrenta el alma del joven mientras este lo toma y se lo pone en los labios temblorosos, el caballero en un gesto rápido desenfunda un encendedor de plata con las letras de su nombre grabadas, y le ofrece fuego. Al sutil movimiento de las primeras caladas Don Manuel detalla y sigue el baile armonioso que tiene el humo en la lámpara sobre la mesa; Y recuerda; Y reflexiona. Preguntando al joven, - Y como se encuentra tu padre, Don Alejandro? EL joven respira profundo al momento en que de reojo observa a la mujer omnipresente que hurga entre los gabinetes de la cocina y responde. –No muy bien, por eso he tenido que dejar los estudios de la universidad y dedicarme al negocio familiar. –Lastima, manda recuerdos de mi parte y también a tu madre comenta el Caballero sin efusividad. El sonido de la cafetera distrae a los presentes e Isabel con un Síndrome de autismo hace gestos repetitivos por los nervios que la acosan y prepara los dos cafés. -Un movimiento súbito debajo de las ventanas desvía mi atención, justo en esos arbustos impenetrables tan bien cuidados y que sirven de guarida del enemigo, busco con atención y de entre las hojas siento esa mirada penetrante y poderosa. Isabel se aproxima con las tazas de café en esos platitos decorativos de una vajilla que perteneció a su madre, coloca el café del joven con seguridad y al acercarse a Don Manuel la taza danza levemente sobre el plato dejando caer un poco, antes que la señora soltase el plato sobre la mesa el Caballero la toma por el antebrazo y sube la mirada rozando las cejas, detallando las pulsaciones aceleradas en el descampado de los pliegues en el cuello de Isabel y apretando su puño contra el brazo de Ella, objeta; Da este Café a Él y el otro para ti , pues acabo de cambiar de parecer y me tomare el whisky, Eso hace La mujer en estado de Shock, y se sienta en la silla imparcial de la mesa entre el joven y Don Manuel y se le pierde la mirada. Don Manuel, se levanta y busca el whisky, los canapés, pan y un cuchillo para cortarlo. Ella observa al joven mientras le da los primeros sorbos y se arrepiente de lo que sabe que le espera. -La Mirada desde el arbusto entorpecía mi concentración de las ventanas hasta que escuche el ronroneo que proviene de su peludo pectoral, además un destello de claridad me permitió ver sus grandes ojos claros y la verticalidad de sus pupilas endiabladas que me excitaban y enfurecían a la vez. Miro de nuevo a la ventana; se cerró la puerta de la casa dejando la esencia del joven quien asustado, se retiro torpemente con una sudoración fría y fuertes dolores de estomago. -En la mesa se encontraba Isabel cabizbaja, frente a unas tazas vacías, El Caballero coloco delicadamente su mano sobre el hombro de Isabel mientras parado a su lado apretó en la otra mano el cuchillo y se lo enterró una, dos, tres, cuatro….y continuo hasta que sus brazos cayeron dormitados del agotamiento; La suave y ligera bata de Isabel se decoraba con enormes Rosas rojas y su cabeza reposaba hacia atrás sobre la silla hasta que el pendular de su brazos y la noche, se detuvieron. Un movimiento brusco de Don Manuel abrió la ventana y asusto al que se escondía entre los arbustos y pude verlo bien era negro y blanco, elegante, de ojos verdes y con un lento caminar sigiloso; El Caballero se encendía un cigarrillo mientras me miraba a los ojos, pero yo me distraía entre El y ese maldito. Termino su cigarrillo y me dio una última mirada y se retiro apagando las luces y escondiendo su sombra, luego escuché el sonido del golpe de la mano de Ella sobre la cama mientras me llamaba por mi nombre y me decía, Ven!, detalle su obesa figura y pesadas manos, de un brinco me subí y sentí ese hedor a ropa vieja que emanaba la cama y que confundía con mi propio olor, en tres vueltas halle un lugar para acostarme mientras ella me acariciaba la espalda y veía la caja marron. Se me cerraban los ojos, sentía su calor, -y meditando me dije ¡Mañana matare a ese Maldito Gato! autor: Un perro
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